Nuestro Equipo Directivo
El liderazgo de la Unión de las Asambleas de Dios está conformado por hombres y mujeres de Dios con una sólida vocación pastoral y una amplia experiencia en el ministerio. Nuestros líderes son elegidos por su integridad, sabiduría y compromiso con los valores del Reino, y trabajan incansablemente para guiar a la comunidad en el cumplimiento de su misión.
Creemos firmemente que el liderazgo cristiano no se trata de posición o poder, sino de servicio y ejemplo. Cada uno de nuestros líderes ha sido llamado por Dios y confirmado por la iglesia para desempeñar un rol específico dentro de la asociación, entendiendo que la autoridad espiritual se gana a través del carácter, la humildad y la dedicación.
El equipo directivo nacional, junto con los líderes distritales y zonales, se reúne periódicamente para evaluar el avance de la obra, compartir experiencias, orar juntos y trazar estrategias que permitan un crecimiento sostenido y saludable de todas las iglesias que conforman la UAD.
Estos encuentros son espacios de comunión, aprendizaje y planificación donde el Espíritu Santo guía las decisiones que afectan el rumbo de la asociación.
Consejo Directivo Nacional
Valores de Liderazgo
Nuestros líderes se rigen por principios bíblicos y valores fundamentales que guían cada decisión y acción:
- Integridad: Vivimos lo que predicamos, siendo coherentes entre nuestro mensaje y nuestras acciones. La transparencia y la honestidad son pilares de nuestro liderazgo.
- Servicio: El liderazgo en la UAD se entiende como un servicio, no como un privilegio. Nuestros líderes están para servir a Dios y a su pueblo.
- Unidad: Trabajamos juntos en armonía, valorando la diversidad de dones y ministerios dentro del cuerpo de Cristo.
- Excelencia: Buscamos hacer todas las cosas con excelencia, como para el Señor, en cada área de nuestro servicio.
- Oración: Reconocemos nuestra dependencia de Dios y buscamos su dirección constante a través de la oración y el ayuno.
«El mayor líder es el que se hace siervo de todos. No venimos a ser servidos, sino a servir.»